Lunes, 19 de septiembre de 2022

 


Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia.

Camilo José Cela

 

Sobre las 4 empezó a llover, una tormenta quiso acercarse a visitarnos y regalarnos otra pequeña dosis de esperanza. Desde un poco antes del alba, los chubascos se transformaron en un calabobos dulce y constante que no paró hasta media mañana. Las palomas bravías se arrebujaban en los aleros, los mirlos correteaban por la hierba que, poco a poco, va recuperando el verde, y los gorriones se perseguían, felices ante este nuevo cambio de tiempo. Con estas lluvias y las de la semana pasada casi rozamos la media pluviométrica mensual, pero llevamos un año de sequía nefasto, con las peores olas de calor y máximos absolutos de temperatura desde que se tienen registros. Ojalá la lluvia nos siga regalando su presencia.

Por la tarde el sol y el calor hicieron acto de presencia, con unas temperaturas altas para estas fechas. Aproveché para visitar los brinzales que tengo plantados por el campo, en los alrededores de la casa. Gracias a las últimas lluvias, tres de los arbolitos que se secaron a finales de agosto han rebrotado y parece que vivirán al menos un año más. En total, a día de hoy, los supervivientes que contamos son: un nogal, un castaño, dos robles melojos, un alcornoque, cinco quejigos y un fresno.

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