Jueves, 22 de septiembre de 2022


Al igual que ayer, todo estaba en silencio. Una luna menguante y córnea nos observaba desde lo alto. Esta forma de cuerno de nuestro satélite ocurre hacia finales de verano o principios de otoño, en la fase menguante y mientras asciende hasta el cénit, pero también a finales del invierno —sobre el Miércoles de Ceniza—, en fase creciente y en su descenso hacia el horizonte oeste, y es debida a la inclinación del eje de la Tierra con respecto al plano de la órbita.

A la vuelta escuchamos a los gorriones desperezándose entre los setos, con su habitual algarabía, al tiempo que se dejaban ver los mirlos y las tórtolas turcas comenzaban con su persistente canto desde los tejados.

Las perspectivas de nuevas lluvias que nos ofrecían los modelos meteorológicos parecen ir desvaneciéndose, lo que, unido a las altas temperaturas de estos días, no augura buenas perspectivas respecto a la sequía que sufre el campo. He tenido que regar de nuevo los arbustos de la parcela, que lo han pasado bastante mal este verano. La higuera que trasplanté el 31 de agosto ya tiene unas preciosas yemas hinchadas.

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