Martes, 4 de octubre de 2022
Seguimos con calima y temperaturas muy elevadas. Para colmo, ayer llegó la factura del agua y, tras la privatización del servicio, vamos a pagar el metro cúbico a 3,5 € cuando el año pasado lo pagábamos a 1,5 €. Uno es consciente de la situación de colapso de nuestra sociedad de consumo, en la que ya estamos completamente inmersos, pero cada nuevo mazazo (primero fue el gas, la gasolina, la leña, y en general todos los recursos energéticos, que provocan el alza, y la especulación por supuesto, de los productos de primera necesidad) hace la vida cada vez más complicada. Con estos nuevos precios dudo que podamos seguir permitiéndonos cultivar el huerto y mucho menos el pedacito de césped que mantenemos alrededor del porche para poder entrenar con los perros. Todo esto está influyendo en mi estado de ánimo, que últimamente estaba un poco menos pesimista, pero apenas puede uno ya levantar cabeza. A veces me pregunto si en unos pocos años será viable seguir viviendo aquí.
La temperatura en el paseo de la mañana rondaba los 12° C. Los pájaros —mirlos, cornejas, colirrojos, cogujadas, herrerillos, carboneros— empiezan con sus cantos mañaneros cuando ya casi estamos llegando de vuelta a casa para desayunar.
El abedul del jardín lleva unos días amarilleando, de un amarillo cada vez más homogéneo, y el haya también va mostrando síntomas de otoño.

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