Viernes, 14 de octubre de 2022

 La luna continúa menguando y el anticiclón acompañándonos. De nuevo calor y ausencia de precipitaciones a corto y medio plazo.

A la vuelta del paseo, en la zona donde nos encontramos todos los días con el alegre tarareo de la cogujada, ha empezado a escucharse esta última semana el melódico canto de su prima la totovía.

A media mañana salí con Mendi y Luna a sembrar, en los alrededores del barrio, las bellotas de rebollo que recogí el miércoles en la Dehesa de Candelario. En total 61 bellotas. Espero que esta vez haya acertado con las localizaciones, buscando terrenos menos compactados y, sobre todo, zonas donde tengan sombra la mayor parte del día para sobrevivir a los tórridos veranos que nos estamos encontrando en los últimos años. Ahora sólo resta  esperar que no sean depredadas por los animalillos —tienen millones de bellotas de encina, pero cuando traigo de roble o quejigo siempre intentan dar con ellas, será por la novedad— y que germinen en primavera. Cruzaremos los dedos.


A última hora de la tarde dimos un paseo por el lago del campo de golf, desde donde vimos atardecer. Salimos con ropa corta y al volver, casi de noche, en algunas zonas bajas y húmedas se notaba bastante frío para tan poca ropa, por lo que volvimos a ascender al camino exterior que discurre pegado a la valla, donde aún no se había disipado el calor del día.


 

 


 

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