Jueves, 10 de noviembre de 2022
Claros y nubes al amanecer, que fueron abriendo a lo largo de la mañana. Seis o siete grados en nuestra salida y mucha humedad.
Día soleado y con temperaturas muy agradables. A media mañana dimos un paseo para revisar los arbolitos de la repoblación autóctona “furtiva”. Solamente el fresno mostraba síntomas de otoño e, incluso, muchos mostraban crecimiento otoñal. Qué bien les ha venido la lluvia, hasta el punto de que dos de los quejigos que se secaron en septiembre han rebrotado.
Ayer aproveché para sembrar unas semillas de arce de Montpellier que traje del Tranco del Diablo un día que fuimos a Béjar en sus minivacaciones. La verdad es que apenas encontré semillas de arce este año y las cuatro o cinco que recogí estaban muy secas. Las tuve en agua casi dos semanas para que, con suerte, tengan alguna posibilidad de germinar.
Este año, aparte de las 60 bellotas de roble que puse en siembra directa en el monte, no he tenido mucha materia prima para la siembra. Una bandeja de semillas de espino albar, otra de endrino y un semillero de abedul —más otras cuantas de abedul que dejé estratificando en la nevera—.
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